Para mí existen varias categorías para clasificar una mala película. Algunas de ellas son: palagosamente mamona, para pasar el rato, mortadela disfrazada de churrasco, hecha por un paciente psiquiátrico-campesino-chimpancé, pornopobreza abc1, cineasta esnobista oligofrénico, entre otras. Pero, de todas éstas, la peor categoría es: FILM AUSPICIADO POR EL MINISTERIO DE DEFENSA, EL NUEVO ORDEN MUNDIAL, LA FUNDACIÓN ROCKEFELLER Y EL BANCO MUNDIAL, y este es el caso de G.I. Joe.
Cada vez que veo una película de Stephen Sommers o Roland Emmerich me los imagino sentados frente a los productores de un mega-estudio gringo, moviendo sus manos como avión, mientras hacen el sonido de los rayos láser y luego una explosión, explicando que acá camina una mujer disparando con su metralleta. Después explican que el Nerd hackea el sistema de seguridad de los malos, el bueno le gana al jefe-líder-dictador-tirano de un grupo terrorista-extraterrestre-comunista-traficante de armas. Mostramos una bandera de USA con un águila calva en la cima de todo el holocausto y ponemos unos créditos con música de technotronic. Se miran los productores, miran al director y le dicen BRILLANTEEE!!! Después se van a comer faisán con mayo.
La trama de G.I. Joe es la ya vista en mil películas. No aporta ni un sólo componente nuevo.
Tal vez está sólo la intención de Sommers de hacer cada vez una película más mala que la anterior y cansado de tratar de plagiar infantilmente “El ejército de las tinieblas” de Sam Raimi, decide meter en una juguera “Comando Tiburón”, “El retorno del Jedi”, “Robocop”, “Top Gun” y la frecuencia mental de una zanahoria. G.I. Joe antes de ser esa serie de cómics y dibujos animados, era un juguete diseñado para incitar a los niños a luchar por su patria, al igual que las barbies con las niñas que las estimula a tener un instinto maternal, aunque las pendejas no sabían cambiarse los pañales pero sí cuidaban todo el día a su muñeca. En tanto, los niños jugaban al soldado y si se caían lloraban como magdalena.
Si ya G.I. Joe era una serie fascista con el fin de vender patriotismo de cuneta a los niños, la película llega a ser un fuerte propagandismo de los grandes empresarios mundiales, con el fin de acabar con el terrorismo ya que… necesitan ganar más dinero.
El intento claro de la película es meter al terrorismo como un conglomerado de tipos malos, dictadores orientales, traficantes en el mercado negro, anarkistas, profesores municipales, científicos locos y comuneros mapuches que están unidos con el fin de dominar el mundo.
Existen malos, malos tan malos que se hacen pasar por buenos, pero son malos malos. Y los buenos buenos tienen que acabar con todo los malos malos. Étos son tan malos que se quieren robar un megamisil hecho por los inocentes buenos de nanotecnologia, la misma que usarían para curar el cáncer de la gente buena, pero de puro inocentes les dieron el uso para destruir grandes cuidades. Incoherentemente, tienen que trasladar desde la segura base donde fue creado a otra base donde estará seguramente guardado y mandan a nuestro protagonista a vigilarlo con su amigo negro (compañero de juerga y copas cuando no son militares)… de la nada no aparecen terroristas con AK-47, sino que mega terroristas con la última tecnología, más tecnología que los pobres buenos, pero –también de la nada- aparecen más buenos con megatecnologia que hace que los malos malos salgan corriendo a sus cuevas en medio oriente.
El protagonista (Duke) con su amigo negro ven a este mega equipo y quieren unirse a acabar con los malos. Por otro lado, los malos al parecer liderados por la baronesa, ¡ALTO! la baronesa es la razón más importante de esta columna (la única), ya que es una mujer con traje de cuero con un gran trasero, sexy, con lentes para dárselas de intelectual, quien además de manejar la organización terrorista, en el día está casada con un inocente barón que trabaja con energía nuclear pero para hacer el bien… este perfil de minas siempre han sido como las trepadoras que tienen de pareja a algunos conocidos que he visto por las calles. Siempre sospeché que de día salen con él a comer palomitas en el parque y de noche venden armas a los terroristas. Y todo esto es sólo el comienzo de la montaña rusa de como 2 horas.
Debe ser una de las peores actuaciones de Dennis Quaid, aunque en realidad no actúa, más bien hace del jefe de los buenos buenos y sólo posa un rato para las fotos, porque después se pasa la mitad de la película en coma. Me pregunto ¿quién encuentra gracioso a Marlon Wayans? ¿Cree que por ser negro y poner cara de loco está todo listo? El que hace el papel de Storm Shadow parece ninja de película de bajo presupuesto. Snake Eyes parece que tomó clases con Robocop para actuar tan tieso. Lo más logrado es el trasero de Sienna Miller, y se nota que se concentró gran parte del presupuesto para acentuarlo. También el de Rachel Nichols, al que se le quiere dar un trasero de aspecto más inocente y un carácter de niña tejana de esfuerzo y perseverancia bla bla bla… en fin, tenemos todos los personajes estereotipados posibles que podemos agregar en un film: un malo deforme, una mala rica, un malo de terno.
Este tipo de películas (si no fuera por los mega-presupuestos), serían igual a cualquier telefilme de cine b que dan a altas horas de la madrugada en el cable. Pero lo peor es que no es sólo una mala película prejuiciosa, básica y de acción primitiva… este tipo de películas incitan subconscientemente a pensar ¿Aún no tengo preparada mi casa para ataques terroristas de ninjas con armas nanotecnológicas? ¿Qué hace mi presidente demócrata en contra de comunistas como COBRA? Esto es grave, tengo que votar por presidentes republicanos y apoyar al banco mundial… perdón, el ejército que tenga más presupuesto para gastar en el plan de defensa, ya que nunca se sabe cuando COBRA puede entrar en su casa, sacar sus joyas y robar a sus hijos.
En conclusión, este film es otra demostración de que los gringos saben cómo vender su patria usando el cine. Si la ve concéntrese en el trasero de la baronesa (aunque puede que también tenga escrito mensajes subliminales) y si le toca ver esta película en el bus, tírese de él aunque vaya en el puente Malleco.